La belleza profunda de la coexistencia​

Artículo escrito por Ronald Sistek de Co Consulting.

Foto © Jorge Valenzuela, Far South Exp.

“Si miramos esta hoja de papel más profundamente, podemos ver la luz del sol en ella. Si el sol no está ahí, el bosque no puede crecer. De hecho, nada puede crecer. Ni siquiera nosotros podemos crecer sin la luz del sol. Por tanto, sabemos que la luz del sol también está en esta hoja de papel. El papel y la luz del sol están interconectados.”
-Tich Nhat Hanh.

El gran camino al encuentro de nuevos valores radica en la experiencia de unidad. La experiencia humana es una experiencia integrada; la mente y de muchas maneras la consciencia son una condición repartida entre cerebro, cuerpo, contextos inmediatos y herramientas más usadas.

Una de las observaciones más elocuentes que he percibido al trabajar por años con grupos humanos es que los cambios se producen disposicionalmente, es decir, en los campos sociales humanos el cambio solo se produce si hay disposición al cambio; si no hay, no se producirá. Esto es central en la reflexión de las transformaciones necesarias en un momento de emergencia climática, pérdida de biodiversidad brutal, sobrecarga de los ecosistemas y de los campos sociales humanos y una pérdida de valores radical de una manera inconsciente de estar en un mundo con una biósfera.

Despertar a la vida implica reconocer y experimentar la belleza profunda de la coexistencia. Pasan varios colibríes jugando arriba de mi cabeza en éste momento, en Quito, Ecuador, en las faldas del cerro Ilaló, en una mañana templada después de unas horas de granizo y lluvia nocturnas; el olor a transparencia, el canto de los pájaros y la sensación de la humedad del pasto, abrazan estas palabras que escribo, agradeciendo tener un momento para sentir, caminar y somatizar mi experiencia de coexistencia; entra un jardinero en el lugar donde estoy, y lo veo quedarse mirando los colibríes; le digo: me quedé en la habitación que se llama Colibrí y me dice: es que estos árboles los llaman y ese, el de colita larga llega en esta época, a comienzos de Mayo… es el primero que veo. Quizás por eso se quedó inmóvil observándolo. A veces siento que el entorno inmediato se derrama sobre mí. Es quizás la naturaleza del movimiento la que nos permite a través de nuestros cuerpos poder sensibilizar más allá de los cinco sentidos acordados, y “sensar” las múltiples expresiones de la percepción que nuestros ancestros experimentaban con plenitud.

Hay una belleza a ratos inimaginable en esta sensación de coexistir, de interser, de suspender nuestras prácticas cotidianas de separación y permitir que la vida se manifieste a través nuestro. Somos una manifestación de la naturaleza teniendo una experiencia humana. Sólo coexistimos. 

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Una y otra vez me pasa que aparece algún participante de una organización alrededor de un proyecto regenerativo y me sorprendo de la capacidad de recordar que tienen…. recordar desde dónde venimos y en qué momento se generó lo que algunos llaman El Gran Olvido.
Cuando pienso en las causas raiz de lo que nos ha llevado a estas crisis sistémicas que experimentamos, una y otra vez aparece la profunda desvinculación entre ser humano y naturaleza.
Seremos testigos en los próximos años en la Tierra, de la mayor velocidad de cambios que cualquier generación humana haya visto. Nuestra civilización está atravesando por un umbral, un cambio fundamental de nuestra visión del mundo en cuanto a nuestra relación con la naturaleza, nuestra relación con el otro y nuestra relación con nosotros mismos.